jueves, 28 de noviembre de 2013

En estos tiempos que corren esas frases de consuelo tan típicas y banales, esas que se han dicho toda la vida: "Dios aprieta pero no ahoga", "Mañana será un nuevo día", "Vive el momento", "No te preocupes por el mañana"...

¿Pero de verdad somos capaces de vivir pensando en qué sera de nosotros? Y es que esta sociedad, esta cultura nos ha inculcado esa necesidad de controlar toda nuestra vida y nuestro entorno. No somos capaces de disfrutar de un día tranquilo si pensamos en cosas como "la carrera que estudio no tiene futuro" o "¿como pagaré la factura de la luz?" y es que, está claro que todos queremos una vida mejor, que mañana sea un buen día, pasamos toda nuestra vida soñando con algo mejor, con alguien mejor o simplemente con algo distinto, pero no nos damos cuenta de que tanto soñar no nos deja vivir o al menos disfrutar de lo vivido. Lo verdaderamente complejo de esto es donde está el límite, dónde debemos dejar de soñar y empezar a vivir, cuándo hay que dejar de preocuparse de un problema, pues no se sabe, la clave de la vida es conocer los límites, saber por qué preocuparse, por qué no cuando soñar y cuando vivir, dejar de desear que llegue el mañana pues así sólo logras no disfrutar de hoy, y puedo asegurar que hoy tienes algún motivo para sonreír, lo veas o no, está. 

Quizás lo mejor sea no preocuparse por nada, así seguro que no te asustas de más, quizás la clave es  dejar de soñar para no dejar de vivir. Pero, personalmente opto por no dejar de vivir para no dejar de soñar. Los problemas siempre van a estar, pero los sueños también. Ahora sólo queda una cuestión, ¿Para qué tanto esfuerzo? Como bien dijo Elbert Hubbard:  "No se tome la vida demasiado enserio; nunca saldrá usted vivo de ella".

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